LA COMPLEJIDAD DEL 2017

Por Daniel Ambriz Mendoza. La complejidad despeja la incertidumbre, es importante dejar de lado lo lineal, lo disciplinar y lo tradicional para adentrarnos al mundo de lo dimensional, de la interacción y de los componentes aleatorios o azarosos, donde nos veamos obligados a desarrollar una estrategia de pensamiento que no sea reductiva ni simplificadora, sino reflexiva, articulante e incluyente, donde le demos entrada a un tercero incluido que nos permita reaccionar ante lo inesperado potenciando una lógica de inclusión.

Y es aquí donde nos enfrentamos a la dificultad de tratar de resolver la incertidumbre del tiempo que nos tocó vivir a través del pensamiento complejo, porque los referentes mentales que poseemos tienden a lo lineal, queremos todo claro desde el primer momento, ir a la segura, no deseamos batallar, no nos atrevemos a dejar lo cierto por lo incierto, nos da flojera analizar, contrastar, reflexionar; en suma, nos da pereza pensar. Y todo por nuestros escasos hábitos de lectura de comprensión, 3.8 libros en promedio con el que contamos los mexicanos mayores de 18 años de acuerdo a la encuesta aplicada en febrero del 2016 por el INEGI, no nos coloca como un país de lectores, estamos por debajo de países Latinoamericanos como Chile, Argentina, Colombia y Brasil, solo por contextualizar. Con estos datos no se necesita imaginar el nivel cultural que poseemos.

Como país tenemos serios problemas estructurales, de credibilidad, de confianza, de conducta, de ética y hasta de moral que no vamos a resolver peleando entre nosotros mismos descalificándonos y señalando solo nuestros errores, también debemos reconocer aciertos, ¿en dónde quedan entonces nuestros valores, nuestros principios, nuestra visión de futuro y la conciencia social que se “supone” debemos tener?

Con el problema del alza de los combustibles no he escuchado o leído hasta el momento una propuesta sensata que nos ayude a enfrentar y salvar satisfactoriamente en la unidad esa dificultad, tal parece que el interés político de grupos, organizaciones sociales y de los partidos políticos por aprovechar la coyuntura se sobrepone al bienestar común. Todos versan en destruir y lanzan dardos venenosos hacia el equilibrio social, actitud que nos hace ver mal ante la comunidad internacional. En lo particular creo que no somos incompetentes y mucho menos incapaces para resolver una situación adversa, pero nos falta unidad en la acción. Los saqueos y la rapiña que con tristeza hemos visto suceder en Venezuela y que nos debe servir para experimentar en cabeza ajena no los tomamos en cuenta porque tal parece que hay intereses oscuros y desestabilizadores que se empecinan en repetir esos tristes acontecimientos ahora en nuestro país impulsando a la población al robo y al pillaje de tiendas y supermercados. Estamos viendo el poder por el poder sin medir afectaciones colaterales. ¡Qué irresponsabilidad!

Enfrentemos la incertidumbre con serenidad y con pensamiento complejo, no adelantemos vísperas, para todo hay tiempo y un lugar adecuado, preparémonos, sí, pero mientras el 2018 llega pensemos en incluir, no en excluir, como ciudadanos ayudemos a construir, no a destruir, recordemos que no hay fórmulas mágicas que resuelvan los problemas de un plumazo, tampoco existen seres superdotados o inmaculados que con la palabra, buena intención o con medidas populistas vayan a corregir lo que está mal. El problema de un país como el nuestro no lo resuelve una persona, lo tenemos que resolver entre todos los ciudadanos mexicanos haciendo cada quien la parte que le corresponda, considerando de entrada que México no está aislado del mundo.

Quiero finalizar esta vez dejando para la reflexión personal o colectiva las siguientes interrogantes: ante la desacreditación que tienen todos los partidos políticos, ¿por qué no pensar en un gobierno de la República de composición?, ante la deficiencia de los procesos electorales que dan como resultado gobiernos electos por una minoría, ¿por qué no reformar la ley y permitir una segunda vuelta electoral?, y ante la ineficacia y desprestigio del poder tanto ejecutivo como del legislativo, ¿por qué no pensar en hacer a un lado el sistema presidencialista que tenemos en México o al menos mejorarlo reduciendo el número de legisladores en ambas cámaras?

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