LA CLASE OBRERA EN EL CAPITALISMO

LA CLASE OBRERA EN EL CAPITALISMO

por Omar CarreA?n Abud

Cuando se pelean las comadres, salen las verdades. SabidurA�a popular que es muy aplicable a muchas de las denuncias y seA�alamientos que se le hacen al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y a las que A�l, a su vez, hace a sus enemigos de la gran prensa mundial; a�?atlantistaa�?, le llaman algunas publicaciones en referencia a que le sirve a la OrganizaciA?n del Tratado del AtlA?ntico Norte (OTAN), poderosa alianza militar liderada por Estados Unidos. Antes de entrar en materia, dirA� que la actitud de la prensa, esa llamada a�?atlantistaa�? que, por su poder e influencia, parece que fuera toda la prensa y todos los medios de comunicaciA?n del mundo, en lo que respecta a Donald Trump y a su gobierno, asA� como la actitud de poderosos e influyentes polA�ticos de Estados Unidos que, un dA�a sA� y otro tambiA�n, la emprenden contra el arrogante empresario que ahora despacha en la Casa Blanca, se explica, porque Donald Trump representa a un grupo de imperialistas diferente a los grupos (o el grupo) que habA�a venido gobernando Estados Unidos durante los A?ltimos aA�os. Ni mA?s bueno ni mA?s malo, no es tiempo de hacer evaluaciones, sA?lo diferente. Representa, pues, otros intereses imperiales y por eso tiene la cerrada oposiciA?n de polA�ticos y funcionarios altamente colocados. Tiro por viaje, dos de los mA?s importantes diarios de Estados Unidos, el Washington Post y el New York Times, como voceros oficiales u oficiosos de sus adversarios, publican notas, reportajes, fotografA�as y editoriales en contra de Donald Trump, sus colaboradores y su familia. Esta vez me referirA� a un reportaje que publica The Guardian de Londres sobre la situaciA?n de los trabajadores en las empresas que fabrican ropa de la marca de Ivanka Trump, la hija del presidente, en Indonesia.

Dice The Guardian, un importante diario inglA�s, que una fA?brica que hace prendas de ropa para esa marca en Subang, Indonesia, al oeste de la isla de Java, tiene trabajadores que ganan tan poco que no les alcanza para vivir con sus hijos, los niA�os viven con su abuela a varias horas de viaje en motocicleta y sA?lo ven a sus padres un fin de semana al mes pues sA?lo una vez al mes sus padres pueden pagar la gasolina para el recorrido. En esta localidad, se aA�ade, se pagan los salarios mA?s bajos de Asia. Los padres trabajadores informan a los entrevistadores del diario que no pueden ni siquiera pensar en saldar sus deudas, son permanentes, pues apenas cubren el alimento para los niA�os, los libros

para la escuela, el viaje de visita y otros gastos indispensables. En la empresa de referencia, trabajan 2 mil 759 obreros, de los cuales, sA?lo 200 estA?n sindicalizados en dos uniones diferentes y las jornadas son extenuantes: de acuerdo con una tabla de rendimiento, los obreros tienen que producir (o coser) entre 58 y 92 prendas cada media hora, pero, el rendimiento promedio real es de entre 27 y 40 prendas por lo que, para cumplir la tarea, los obreros deben trabajar horas extras que sA?lo esporA?dicamente les son pagadas, en otras palabras, la jornada de trabajo se alarga a capricho del patrA?n; eso sA�, es una gran ventaja que si las muchachas no solicitan un dA�a de permiso por su perA�odo menstrual, reciben un bono de 10 dA?lares con 50 centavos al mes. Claro estA? que estos obreros y obreras ni en sueA�os podrA?n comprar y usar uno de los cientos de vestidos que manufacturan a diario. A?Fake news? No creo. Conociendo como se las gasta el capital, me parece que es la verdad monda y lironda.

Ya desde 2013, cuando se derrumbA? el edificio Rana Plaza en Daca, la capital de Bangladesh, iba saliendo a flote la explotaciA?n brutal de los obreros en los paA�ses de bajos salarios (como MA�xico). La grandeza de los negocios, la productividad formidable del capital, los increA�bles emprendedores y empresarios de A�xito, tienen fA�rreamente adherida una parte oculta sin la cual no podrA�an ni existir ni competir ni triunfar. El inmueble de ocho pisos albergaba un banco, algunas tiendas y varias fA?bricas textiles en las que laboraban miles de personas, un informe del parlamento britA?nico, seA�alA? que el edificio habA�a sido construido para tiendas de venta al menudeo, pero que, con los miles de trabajadores, los numerosos generadores elA�ctricos y otros equipos y mA?quinas, el peso que deberA�a soportar era excedido seis veces. Cuando se derrumbA? el 24 de abril de 2013, matA? a 1,133 personas y dejA? gravemente heridas a 2,500 personas mA?s, es una de las mA?s grandes tragedias de un centro de trabajo industrial en toda la historia.

Carlos Marx el gran revolucionario que investigA? y descubriA? el funcionamiento interno del capital, tambiA�n utilizA? los reportes de comisiones enviadas a las fA?bricas por el parlamento inglA�s y consignA? en su obra inmortal algunas de sus denuncias: a�?En un taller de laminaciA?n en que la jornada nominal de trabajo comenzaba a las seis de la maA�ana y terminaba a las 5 y media de la tarde, habA�a un muchacho que trabajaba cuatro noches cada semana hasta las 8 y media, por lo menos, del dA�a siguientea�� haciA�ndolo asA� durante seis mesesa�?. a�?Otro, de edad de 9 aA�os, trabajaba a veces tres turnos de 12 horas seguidas, y otro de 10 aA�os dos dA�as y dos noches sin interrupciA?n.a�?. a�?Jorge Allinsworth,

de nueve aA�os: `Vine aquA� el viernes pasado. Al dA�a siguiente nos mandaron comenzar a las 3 de la maA�ana. Estuve aquA�, por tanto, toda la noche. Vivo a 5 millas de aquA�. DormA�a sobre el suelo, tendido encima de un mandil de herrero y cubierto con una chaquetaA?a�?. No son investigaciones personales de Marx ni conclusiones suyas, son citas textuales del informe de la ComisiA?n para el empleo de niA�os de la CA?mara de los Comunes.

Pero a��dirA? alguien- eso es allA? en Indonesia, en Bangladesh, al otro lado del mundo o, en todo caso, en la Inglaterra de mediados del siglo XIX, ahora estamos en MA�xico en el arranque del siglo XXI y todo eso, o es cosa muy lejana, o forma parte de la historia A?SA�? A?Seguro? La tristeza y el sufrimiento, ademA?s de existir en la propia casa del lector, si es un trabajador, un comerciante en la calle o un empleado, estA?n mA?s cerca de lo que usted se imagina. Veamos lo que publica esta semana el diario El Universal de la ciudad de MA�xico con motivo del DA�a Internacional contra el Trabajo Infantil que se celebrA? el pasado 12 de junio: a�?AquA� no hay para comera�?. a�?Con estas palabras a��dice el diario- los padres de Carlos lo motivaron a buscar empleo de lo que fuera para poder contribuir con el gasto familiar y alimentar a sus cinco hermanos menoresa�� cuando tenA�a 13 aA�os se separA? de su familia y partiA? de San Miguel Lachixola, Oaxaca, de donde es originario con destino a la ciudad de MA�xico para trabajar. Hace un par de semanas cumpliA? 15 aA�osa�?. a�?Carlos es uno de los 2 millones 460 mil menores de edad que trabajan en el paA�sa�?.

No es, pues, la fA?brica que elabora las prendas de vestir con la marca de Ivanka Trump, no son las concentraciones infrahumanas de costureras en Bangladesh ni las condiciones brutales en las que se originA? el capitalismo industrial en Inglaterra, es el capitalismo mismo que ha sentado sus reales en todo el mundo, es el rA�gimen de la mA?xima ganancia que arrasa niA�os y adultos, hombres y mujeres y, aunque se niegue por parte del presidente de Estados Unidos y su equipo, estA? arrasando el planeta entero. A?Hasta cuA?ndo?

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