GRACO RAMÍREZ: ENEMIGO DE LA ORGANIZACIÓN POPULAR

GRACO RAMÍREZ: ENEMIGO DE LA ORGANIZACIÓN POPULAR

Omar Carreón Abud

No me queda ninguna duda, el señor Graco Ramírez Garrido Abreu, es un peligro para la organización auténtica e independiente del pueblo de México. Bueno, para ser más precisos: otro peligro para la organización del pueblo de México. Graco Ramírez es un tipo intolerante y autoritario que ya tiene problemas graves con buena parte de la población del estado de Morelos sobre la que se ha impuesto mediante las amenazas y la fuerza, Ramírez es un sujeto excluyente y discriminador que no tolera la discrepancia y mucho menos la disidencia, bajo su bota de represor sólo cabe la sumisión y desde el inicio de su gobierno se ha propuesto la destrucción del Movimiento Antorchista en Morelos y, si se le dan las condiciones, en el país entero.

¿Pruebas? Sobran y los morelenses las recitan a diario. Sólo recordaré que se ha rehusado a dialogar con los dirigentes antorchistas en Morelos quienes representan, le guste o no le guste, apruebe o no apruebe, a una buena parte de los morelenses. No sólo no dialoga, no atiende ni resuelve los problemas que es lo que verdaderamente importa. El año pasado, a fines del mes de agosto, mandó a la policía que pagamos todos los mexicanos a golpear y expulsar de la plaza céntrica de Cuernavaca a cientos de morelenses que le demandaban y le siguen reclamando, entre otras obras y servicios básicos, un bachillerato, lotes a precios accesibles para 400 familias, la instalación de un albergue estudiantil para jóvenes necesitados, la perforación de dos pozos para dotar de agua potable a dos comunidades, la construcción de tres puentes vehiculares para comunicar a poblaciones aisladas y quince obras de electrificación para colonias y pueblos que no tienen este servicio propio de la civilización moderna.

Ahora arremetió contra los pobladores de Totolapan. ¿Su delito? Insistir en que se considere su proyecto de rescate de un sitio de valor histórico en el centro de su cabecera municipal ya que, desde siempre, de sus padres, abuelos y bisabuelos han oído que existen túneles que pueden ser rescatados y, si se cuidan y conservan, no sólo pueden recordarles su pasado, sino contribuir a desarrollar el turismo y, consecuentemente, el empleo para buena parte de la población. Los pobladores de Totolapan han promovido una investigación científica que no hace mucho efectúo el Instituto de Geofísica de la UNAM,

organismo que realizó un estudio en el que certifica que hay dos cavidades que pudieran haber sido hechas por la mano del hombre (túneles) por lo que recomienda “programar un pozo exploratorio de comprobación en el centro del área donde se realizó el estudio TRE-3-D con el objeto de definir la anomalía resistiva detectada”.

¿Y cuál es el problema de una iniciativa popular tan encomiable? ¿Por qué no se cava el “pozo exploratorio de comprobación”? El obstáculo lo colocan los intereses económicos de los poderosos de Totolapan que encabeza la presidenta municipal, la destacada militante del PRD, María de Jesús Vital Díaz, quien está aferrada a construir ahí, precisamente ahí y no en otra parte, ni siquiera un poco más allá, un mercado municipal que acabaría para siempre con cualquier posibilidad de rescate de la historia de los totolapenses. Esta imposición ha venido a ser aprovechada por el gobernador Ramírez Garrido Abreu para reforzar su embestida estatal contra el Movimiento Antorchista que, como siempre y en todas partes, representa a los humillados y ofendidos.

La última de las acciones públicas del gobernador –hasta ahora- fue enviar a Totolapan a 400 elementos del mando único –para eso les sirve el mando único a los perredistas- a apoyar a la alcaldesa e imponer por la fuerza el inicio de la construcción del mercado en el centro de la cabecera municipal. Por los resultados que se pueden constatar, se deduce claramente que el operativo de los 400 policías era toda una provocación bien estudiada y montada para sofocar definitivamente, no sólo la oposición de los pobladores a la construcción del mercado sino ahogar cualquier intento de los morelenses de organizarse con el Movimiento Antorchista. El nuevo mensaje debía ser contundente: “esta será la suerte de todo el que se atreva a organizarse y reclamar soluciones a sus problemas sin el permiso del señor gobernador”. ¿Por qué digo “provocación bien montada”? Porque, así como lo han denunciado públicamente los testigos presenciales, los 400 policías uniformados, estaban reforzados con otros que, sin uniforme, hacían como que los enfrentaban con cohetes, piedras y palos y justificaban la feroz respuesta.

En un libro que se llama “Manual de la CIA para operaciones psicológicas en acciones de guerrilla”, cuyos autores son Duane Ramsdell Clarridge y otros dos y que fue dado a conocer poco después de la revolución sandinista en Nicaragua y del escándalo norteamericano conocido como Irán-contras, se lee lo siguiente: “Cuando los elementos han sido ubicados o están infiltrados en organizaciones tales como sindicatos, grupos juveniles, organizaciones agrarias o asociaciones

profesionales, empezaran a manipular los objetivos de los grupos. El aparato psicológico de nuestro movimiento prepara, a través de elementos internos, una actitud mental que, en su momento, puede ser transformada en furia y en violencia justificada. A través de pequeños grupos infiltrados dentro de las masas esto puede ser llevado a cabo; tendrán la misión de agitar dando la impresión de que son muchos y de que tienen el respaldo popular”.

¿Algo más de esto se preparó en Totolapan? Por supuesto. Le informo a quien no lo haya sabido en su momento que menos de 12 horas después de los hechos en los que la policía arremetió contra los pobladores inermes de Totolapan, los tundió a golpes, se llevó a cuatro de ellos presos y se puso en movimiento a toda la prensa venal para responsabilizarlos de agredir a la policía, el señor secretario de Gobierno, Matías Quiroz Molina, salía a los medios flanqueado por la presidenta municipal a identificar plenamente a los autores materiales e intelectuales de los hechos que eran, nada más y nada menos, que los dirigentes estatales del Movimiento Antorchista. ¿Cuántas víctimas inocentes y olvidadas de la apabullante violencia criminal que azota al estado de Morelos se deben haber quedado pasmadas ante la diligencia madrugadora del funcionario para salir a los medios y dar a conocer sin lugar a las dudas a los culpables de hechos tan recientes? ¿Cuántos lo hubieran deseado para su propio caso?

¿Cuántos estudiantes de Derecho de esos que creen realmente en lo que les enseñan se deben haber quedado estupefactos al ver que un empleado del poder ejecutivo asumía por sí y ante sí las funciones del ministerio público y del juez y en cosa de unas cuantas horas acusaba, juzgaba y sentenciaba a unos ciudadanos? ¿Se hubiera atrevido este tipo a señalar así por sus nombres y apellidos a, por ejemplo, unos empresarios poderosos en cuya fábrica incendiada hubieran muerto calcinados unos sencillos obreros? ¿Hubiera tenido el valor? Seguro que no, pero en este caso no se trataba de los patrones, había que lanzarse sobre el Movimiento Antorchista, la organización de los pobres, aventar sobre ella la propaganda negra presentándola como violenta y peligrosa y amenazando a sus líderes con el fin de que nadie en Morelos, ni en México entero, se acerque a la organización. Pero como dice la valiente y precisa sabiduría popular: todavía falta que nos dejemos.

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