Gasolinazo y rapiña

Gasolinazo y rapiña

La indignación por los actos de rapiña expresada en redes y medios de comunicación no se compara con la indignación que siente la mayoría de la población por los verdaderos actos de rapiña que comete constantemente un cúmulo de políticos y empresarios que, coludidos, se sirven con la cuchara grande del presupuesto y se roban los recursos naturales que son propiedad de todos los mexicanos.

El gasolinazo es un acto de rapiña porque el gobierno elevó su precio para hacer más atractiva la inversión para empresas nacionales y trasnacionales que ahora venderán gasolina, sin importar el daño que provocará en la población. Es un acto de rapiña porque en lugar de reducir el gasto suntuario e innecesario, el gobierno decidió aumentar el precio de un insumo de uso muy generalizado, lo que generará mayor inflación y pérdida del poder adquisitivo.

Pero, además, el gobierno le mintió a la ciudadanía sobre las razones del gasolinazo, al argumentar que se debía al incremento de los precios internacionales, como lo prueba el reporte que acaba de publicar el Departamento de Energía estadunidense en el que afirma que el precio de la gasolina en ese país (que sirve de referencia en México) alcanzó su más bajo nivel desde 2004 (La Jornada, 7 de enero de 2017).

Es un acto de rapiña, porque al comprar gasolina pagamos no sólo el IVA, sino doble IEPS (Impuesto Especial a la Producción y Servicios), que en conjunto representan 42% del precio que pagamos. Es un acto de rapiña porque en lugar de utilizar parte de esos impuestos para invertir en refinerías y petroquímicas para aumentar la producción interna de derivados del petróleo y gasolinas, los gobiernos priístas y panistas decidieron importarla, aun cuando ello le salga más caro a la nación.

La era neoliberal iniciada en México en los ochenta ha significado constantes sacrificios del pueblo mexicano en aras de un futuro mejor que nunca llega. El desprecio por la gente y la actitud obediente hacia empresarios y el exterior (Estados Unidos, España, Francia, organismos y bancos internacionales) es la característica de quienes nos han gobernado por décadas. La designación de Luis Videgaray en la Secretaría de Relaciones Exteriores muestra, una vez más, la actitud sumisa y entreguista de este gobierno.

Las reformas estructurales se han hecho de acuerdo a las exigencias de las grandes potencias, en particular de los Estados Unidos, y de los organismos internacionales. La economía mexicana está hecha añicos como resultado de esas medidas, y mientras más de 90 millones de mexicanos son pobres, los presidentes, gobernadores, secretarios de estado y un buen número de políticos viven como reyes.

Son realmente cínicas las acusaciones y reclamos que tanto PAN como PRD le hacen al PRI, ya que todos son cómplices de lo que sucede. La ciudadanía no olvida que la firma del Pacto “por” México, suscrito por PAN y PRD, incluía, con todas sus letras, el que se llevarían a cabo la reforma energética y hacendaria, así como la educativa. Sus ilegítimos reclamos buscan manipular a un electorado que se enfrentará en breve a elecciones (en 2017 en el Estado de México, Coahuila y Nayarit y en 2018 a la presidencia de la república, muchos gobiernos y congresos estatales y el de la Cd. de México).

La impericia con la que el gobierno ha manejado el alza de la gasolina, y las protestas populares, ha causado cuatro muertos, más de mil quinientos detenidos y pérdidas millonarias en negocios. Peña Nieto ha dado insuficientes explicaciones y se ha limitado a mentir para justificar el alza. Lo cierto es que su gobierno, como los anteriores, se dedicaron a exprimir a la mayor y más importante empresa nacional, PEMEX, imponiéndole un esquema impositivo expropiatorio, que le impidió la inversión para modernizarse, lo que ha provocado pérdidas millonarias al pueblo de México.

La falta de inversión y agotamiento de pozos ha llevado a una reducción en la extracción de petróleo de 3.4 millones de barriles diarios en 2004 a 2.5 millones barriles en 2016. Esto junto con la caída en los precios del petróleo ha significado una merma de los ingresos por su exportación desde 49.4 mil millones de dólares en 2011 a sólo 14 mil millones de dólares en 2016, es decir una reducción de 72%.

Asimismo, el abandono de las refinerías ha provocado una baja en la producción de gasolinas, de 401 mil barriles diarios en 2011 a 250 mil en 2016, en cambio la importación que era en promedio de 405 mil barriles diarios, llegó a 556 mil barriles diarios en septiembre de 2016. Considérese las pérdidas cambiarias que experimentan nuestras finanzas públicas al aumentar la importación y el valor del dólar.

La reforma energética ha hecho que aumente la dependencia energética de México, porque no genera automáticamente un mercado competitivo de energía, y al mantener en el abandono a PEMEX, serán las empresas extranjeras las que obtengan las mayores utilidades. Asimismo, serán éstas las beneficiadas con la liberalización de los precios de la gasolina.

La reforma energética no garantiza la reducción de los precios de las gasolinas. La experiencia internacional muestra, por ejemplo, que en España la privatización del sector petrolero y energético permitió que oligopolios privados, dotados de un enorme y opaco poder político, acordaran alzas al precio de la gasolina y de otros energéticos, perjudicando a la sociedad.

Lo que sí garantiza la reforma energética de Peña Nieto y del Pacto contra México es la expatriación de utilidades y de parte de la renta petrolera mexicana en beneficio de las grandes trasnacionales del petróleo.

Comentarios