Apuestan Georgia y Moldavia por estrechar vínculo con la UE

Apuestan Georgia y Moldavia por estrechar vínculo con la UE

Dos repúblicas de la antigua Unión Soviética –Georgia y Moldavia–, cuyos gobiernos apuestan por una asociación más estrecha con la Unión Europea, acaban de celebrar elecciones, legislativas la primera y presidenciales la segunda, que pueden inaugurar un nuevo ciclo político en ambos países.

En Georgia, el partido gobernante Sueño Georgiano (SG) obtuvo un triunfo arrollador que le da, con 115 escaños, la mayoría constitucional de dos tercios del total de 150 diputados, mientras el opositor partido de la Unidad Nacional de Georgia (UNG) se queda con apenas 27 legisladores, junto con la Alianza de Patriotas de Georgia (APG) con 6 curules y los dos únicos aspirantes independientes electos.

De este modo, el SG –fundado por el multimillonario Bidzina Ivanishvili que hizo su fortuna en Rusia, pero que siguió favoreciendo el acercamiento con Estados Unidos y la Unión Europea– se consolida sin adversarios políticos que, en los próximos cuatro años, puedan cuestionar su política: la UNG, que pugna por anular todo nexo con Moscú, y la APG, en el otro extremo, que propone distanciarse de Washington y Bruselas.

No es claro –habida cuenta de que el gobierno de Georgia parece no tener intención de renunciar al vector occidental de su política y reclama como parte de su territorio Abjazia y Osetia del Sur, separadas de facto y dependientes del Kremlin en lo militar y lo económico–, si Tbilisi usará el abrumador respaldo en las urnas para mejorar las relaciones con Moscú, toda vez que el SG no apoya la idea de romper del todo con Rusia.

Más complejo se presenta el panorama en Moldavia, donde dentro de 10 días, habrá una segunda vuelta para elegir presidente entre los dos candidatos más votados: el pro ruso Igor Dodon, líder del Partido Socialista, que sacó 48 por ciento de los sufragios, y la pro occidental Maia Sandu, ex ministra de Educación y dirigente de Acción y Solidaridad, con 38 por ciento.

Por primera vez en los 16 años recientes, se llevaron a cabo en Moldavia comicios presidenciales directos, ya que desde el año 2000 era facultad del Parlamento nombrar al jefe de Estado.

Ante la dispersión del voto en primera ronda por el exceso de candidatos, ahora todo va a depender del grado de participación. Moldavia tiene la oportunidad de cambiar la orientación de su gobierno, pero no se podrá concretar si Sandu es capaz de atraer a todos los que votaron contra Dodon.

Paradójicamente, puede terminar de favorecer a Sandu el 6 por ciento que sacó Nuestro Partido, creado por el magnate Renato Usatii para quitar apoyos a las formaciones pro occidentales, porque las condiciones que puso Dimitri Chubashenko –el candidato formal de esa agrupación, dado que el millonario aún no cumple los 40 años de edad, el mínimo requerido–, para pedir a sus seguidores el voto para Dodon son inaceptables por éste.

El candidato socialista, de llegar a presidente, tendría que dar marcha atrás a la persecución judicial de Usatii, quien tuvo que refugiarse en Rusia antes de convertirse en su máximo enemigo cuando empezó a hacerle sombra como principal figura del sector pro ruso.

Tampoco parece viable que Dodon acepte disolver el Parlamento, lo que equivaldría a cavar su propia tumba política y despejaría el camino para el regreso triunfal de Usatii a Moldavia.

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