Antorcha y el Futbol

Antorcha y el Futbol

por Omar Carreón Abud

“¿También organizan campeonatos de futbol?” También, le contesté a un gentil periodista que se tomó la molestia de entrevistarme con respecto al I Campeonato Nacional de futbol que organiza el Movimiento Antorchista y que se llevará a cabo los días 23, 24 y 25 de junio del presente año, o sea, ya. ¿Ahora futbol? Sí, ahora futbol. Aunque, justo es precisarlo, en las Espartaqueadas Deportivas que se celebran cada dos años en Tecomatlán, Puebla, siempre, desde la primera Espartaqueada, ha habido torneo de futbol sólo que ahora, como consecuencia del éxito indiscutible de la convocatoria, ya no es posible llevarlo a cabo en la semana de las Espartaqueadas y ha sido necesario dedicarle toda la atención y celebrarlo, digamos, en exclusiva, en la ciudad de México que será de ahora en adelante, la sede nacional de estos encuentros de balompié.

Antes de escribir artículos como éste, en el que hablo de lo que con tanto esfuerzo hacen mis compañeros y, en cierto sentido, hago yo también, me pregunto si no resultará algo así como aquello de que “elogio en boca propia es vituperio” y, afrontando los riesgos, me resuelvo y escribo. Escribo porque los antorchistas tenemos muy pocos propagandistas de buena fe y con poder en los medios, la verdad es que somos más bien víctimas, o de una terrible conspiración de silencio o, en su defecto, de una pavorosa campaña de ataques de prensa enderezada desde las altas esferas del poder público, económico y mediático que ha llegado a deformar tanto el rostro de nuestra organización que, quienes nos llegan a conocer como lo que somos y lo que hacemos en realidad, nos preguntan “¿y por qué no dan a conocer todo esto?” Y siempre contestamos comedida y pacientemente que sí lo damos a conocer, que no lo ocultamos, que una de nuestras fortalezas es precisamente darnos a conocer, pero, que nuestra capacidad de prensa es tan pequeña y la de nuestros adversarios tan grande, que mucha, muchísima gente sólo sabe de nosotros lo que nuestros más diabólicos enemigos quieren que sepa. Así de que, corriendo el riesgo de que alguien piense que lo que digo no sirve porque lo dice parte interesada, lo divulgo y me someto, como cualquier hijo de vecino, a la rigurosa y definitiva prueba de los hechos para comprobar si lo que expreso es cierto o falso.

Es más, cada vez que algún político emprende una campaña electoral debería de decir lo que ha hecho, a qué se ha dedicado, cuáles

son sus credenciales para invitar y convencer a sus compatriotas a que voten por él. Si es cierto aquello de que “por sus hechos los conoceréis” y no creo que haya alguien que se atreva a negarlo, entonces no debería de haber mejor método para conocer al señor o señora que se nos presenta como la mejor alternativa para nuestro futuro, que referirnos, que mostrarnos lo que hasta ahora ha hecho en su vida pública. En vez de ello –y lo debemos anotar como una de las deficiencias muy graves de nuestra democracia- se nos atiborra de frases huecas, de palabras escogidas para arrastrar el voto, pero no para apelar a la razón y promover la reflexión. “Cambio”, por ejemplo, está de moda, aunque una candidata reciente creyó que estaba desgastada y prefirió “más que un cambio”; “fuerza”, también es buena, “futuro”, ya que todo cambia y, por tanto, tiene “futuro”, también es demandada; “progreso”, “proyecto”, “sí se puede” y otras similares, también gozan de gran prestigio entre los publicistas y a nada comprometen al que las anda empleando.

Los antorchistas pensamos que el deporte tiene inmensas cualidades formativas en los jóvenes y enormes efectos favorables en la vida diaria de los adultos. El futbol no es la excepción. Entre otros atributos, enseña, entrena, acostumbra ¿cómo expresarlo? a trabajar en equipo y, ¿quién no trabaja en equipo? El arrogante que “no necesita de nadie”, apenas terminar su frase, toma una rutera que maneja un joven desde las cuatro de la mañana y se va al mercado en donde lo atiende una comerciante; sólo a la señora Margaret Thatcher se le ocurrió decir que la sociedad no existe. Somos la colectividad evolucionada, el homínido del Este de África no hubiera sobrevivido solo ni una noche. El futbol, entre otras grandes cualidades, también enseña a enfrentar problemas, es un deporte de contacto en el que un niño, por ejemplo, siempre ve más grandes a sus contrincantes y tiene que hacerles frente y acostumbrarse a recibir un empujón, una patada o un balonazo sin ir a llorar a los brazos de la mamá. Y ¿quién en su sano juicio puede afirmar con razón, que vive sin problemas? El Maestro Aquiles Córdova Morán, un sabio a quien hemos tenido la fortuna gigantesca de tratar y, sobre todo, de seguir, dijo un día que el ser humano más capacitado para vivir la vida era el que estaba más capacitado para enfrentar problemas. Y el futbol, jugando, jugando, gozando, enseña a enfrentar problemas.

Pero el futbol, como todas las grandes creaciones de la cultura, no le pertenece al pueblo. Los que juegan organizadamente son muy pocos, las grandes masas sólo interesan como espectadoras y, por tanto, como dianas a las que hay que apuntar los filosos y mortíferos mensajes comerciales que van anejos al espectáculo para aventarlos a consumir.

No hay canchas suficientes, no tienen las condiciones, los antorchistas las solicitamos no pocas veces a la autoridad y, no pocas de esas veces, se nos responde con una mirada de pocos amigos como si pidiéramos lujos absurdos. La masa de los mexicanos no juega futbol y cuando llega a jugar no se le integra, no se le toma en cuenta, el futbol organizado es deporte de élite. Si así no fuera ¿cómo entonces explicar que, por ejemplo, apenas en la Copa Confederaciones, con grandes esfuerzos y sufrimientos nuestra selección nacional sólo empate con Portugal? Portugal tiene 10.3 millones de habitantes, México tiene 125 millones, no hay, ni en sueños, posibilidad de comparar la enorme diferencia en recursos humanos de los que podría echar mano un seleccionador responsable. Así de que nos quedamos contentos o quieren que nos quedemos contentos con el empate a dos y, sobre todo, que entendamos que ganamos en experiencia y estaremos listos para una nueva y exitosa competencia. Gracias por participar. Muchas veces no eliminan a nuestra selección en la primera ronda porque el auditorio, el consumidor potencial al que deben llegar los anuncios, es extraordinariamente numeroso, esa es la neta.

Si le llega a tiempo este escrito y puede, vaya a jugar futbol con los antorchistas en su I Campeonato nacional, si no juega, vaya a ver los partidos. Y, si, desgraciadamente, no juega ni puede asistir al Estadio “Palillo” en la ciudad de México, cobre conciencia de que estamos llegando a un momento del desarrollo del modo de producción capitalista en el que ya muy poco, pero muy poco, funciona bien. Está mal el empleo, el salario, la salud del pueblo, la educación del mismo, los servicios públicos, la seguridad, la cultura, el deporte y otras muchas cosas más. Sólo funcionan bien, van viento en popa, las ganancias monstruosas de los explotadores y los sueldos y atracos de los encargados de manejarles su Estado, al grado de que sólo ocho potentados concentran ya una riqueza igual a los ingresos insignificantes con los que sobreviven 3 mil 500 millones de seres humanos. Urge que el pueblo juegue futbol y cobre conciencia.

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